Artículo de Enrique Martínez-Laguna, vicepresidente de CBRE España

 

Hace solo 10 años, Satoshi Nakamoto –o mejor dicho, la persona que se esconde tras este pseudónimo– desarrolló un protocolo de encriptación en Internet para realizar transacciones mediante dinero digital o Bitcoin.

La tecnología que sustenta la criptomoneda, y que también tiene otras aplicaciones relevantes para el mundo financiero y del Real Estate, es el blockchain. Es un término complejo, pero en resumen podríamos definirlo como una base de datos en la que se encadenan bloques de datos encriptados (de ahí el término blockchain) y de la que existen tantas copias como servidores o nodos existan en la red blockchain, sin que haya un sistema central responsable de las lecturas, ediciones o validaciones.

Aunque resulte paradójico es precisamente la falta de un órgano centralizado de control lo que convierte a esta tecnología en una fuente fiable de información; hackear un servidor sería muy difícil por el nivel de encriptación utilizado, pero manipular todos sería imposible.

Aunque no existe unanimidad sobre cuándo se impondrá su uso, sí existe cierto consenso en que se convertirá en una de las protagonistas de la economía mundial. De hecho, mientras que la consultora Gartner estima que necesitará entre 5 y 10 años para alcanzar la denominada “meseta de productividad”, un informe de World Economic Forum afirma que en 2025 nada menos que el 10% del PIB mundial se almacenará utilizando tecnología blockchain.

El blockchain garantiza cualquier transacción de forma ágil, segura, eficaz y transparente

No parece aventurado analizar la utilidad y el potencial valor añadido que puede aportar al sector inmobiliario. Para hacerlo deberíamos empezar por la mayor virtud de esta tecnología disruptiva: su capacidad para realizar transacciones de forma ágil, segura, eficaz y transparente.

 

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A partir de este punto podemos identificar tres grandes áreas de oportunidad para el sector: las transacciones, la gestión de activos, y la financiación y los pagos.

LAS TRANSACCIONES

El blockchain posibilita que los diferentes procesos queden registrados en una plataforma encriptada e incorruptible, por lo que las transacciones no requieren de la intermediación de terceras partes y serán inmediatas. Así, la mayor aportación del blockchain en esta materia es la fiabilidad, la protección frente al fraude y la eficiencia.

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GESTIÓN DE ACTIVOS

El blockchain aplicado a la gestión de activos permitirá disponer de un “data room” permanente e inmediato del inmueble para un proceso de due diligence por parte de un comprador. El “data room” no puede ser modificado sin dejar rastro y esa es la garantía para el potencial comprador, que no necesita verificación adicional por parte de terceros.

LA FINANCIACIÓN Y LOS PAGOS

Esta tecnología permite un procesamiento más eficaz de los pagos, especialmente en las transacciones internacionales, dotándolas de mayor transparencia, seguridad y rapidez. Las operaciones
podrán ser monitorizadas y controladas en todo momento por los usuarios y, de este modo, gracias a la identidad digital de las partes y a los smart contracts contar con un entorno económico más seguro y simple.

Y la evolución en términos de oportunidad continúa en el ámbito de la financiación, y de esta manera empezamos a oír hablar de tokens, o títulos virtuales de un activo, como vehículo de inversión
a través de una ICO, Initial Coin Offering. Así, utilizando blockchain se podrán emitir títulos de activos inmobiliarios a los que podrán acceder inversores de diverso tamaño localizados en todo el mundo. Esta iniciativa permitirá ganar liquidez, eficiencia y acceso a inversores más pequeños, a la vez que se reducen los costes de financiación.

De forma complementaria, y como resultado de una relación causa-efecto, blockchain está contribuyendo a que muchas empresas revisen sus procesos y la automatización de los mismos; implementando de forma simultánea una reingeniería digital que se ve enriquecida con los beneficios del blockchain.

Así, por ejemplo, los smart contracts pueden concentrar más eficientemente, a través de la automatización y del blockchain, a los diferentes integrantes de la cadena de valor en una transacción inmobiliaria (comprador, vendedor, gestor, valorador, financiador…).

Nos encontramos, en definitiva, ante una tecnología que puede tener gran impacto y que se ha hecho merecedora de que los principales actores del sector dediquemos tiempo, recursos y energía a analizar su uso, evaluar su impacto y, en caso necesario, a adaptar nuestras estrategias corporativas para su implantación.

 

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