Artículo de Álvaro Ibáñez (Alvy), Microsiervos

 

Últimamente parece hay más de una empresa intentando construir ciudades a su medida. Al menos es una idea recurrente entre las grandes corporaciones, que ven cómo lo que empiezan siendo edificios de oficinas acaban adaptándose a los servicios que requieren los empleados. O que fantasean con la idea de que un campus crezca y crezca hasta tener el tamaño de un pequeño pueblo en el que todo el mundo pueda vivir allí en paz y armonía.

Empresas como Google y su Googletown, también conocida como Googleville, se plantean como campos de pruebas de nuevas tecnologías. A veces surgen porque un alto porcentaje de los habitantes de una pequeña ciudad son ya empleados de la propia compañía. O a veces las autoridades locales las sugieren como alternativa a que las carreteras estén continuamente atascadas por miles de empleados yendo a los centros de trabajo de algunos de estos gigantes.

Ostrava Poruba (CC) Jaromír Kavan @ Unsplash

En muchos sentidos, las ciudades inteligentes del futuro tienen un claro componente tecnológico, de modo que es normal que empresas de ese sector estén interesadas en probarlo todo para experimentar de primera mano cómo será ese mercado dentro de unas décadas. De este modo es normal imaginar esas ciudades plagadas de robots, coches autónomos, drones y sistemas avanzados de semáforos y edificios inteligentes. También pueden ser terreno para probar nuevos materiales: calzadas para recargar vehículos eléctricos, aparcamientos automáticos o sistemas de recogida de basura invisibles.

Rohit Aggarwala, del proyecto Sidewalk Labs de Google planteó en un artículo de Slate que pese a ese idílico futuro lo que realmente importará en estas nuevas ciudades a medida serán las infraestructuras tradicionales: aceras que puedan derretir la nieve, el compostaje para los deshechos orgánicos o locales fácilmente reconvertibles, como construcciones modulares, lofts de estancias flexibles, o restaurantes que puedan disponer de zonas más amplias en las aceras según las estaciones.

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La conocida incubadora de empresas de nueva creación Y Combinator también presentó un proyecto llamado Nuevas ciudades. ¿Su idea? Hacer pensar en una ciudad como algo que se puede optimizar: ¿Cómo se mide su eficiencia? ¿Cómo puede hacer más felices a sus habitantes? ¿Cómo se puede animar a la gente más diversa a vivir en ella? Para responder a todo esto han montado un equipo de “exploradores” y han lanzado una petición sobre posibles lugares en los que arrancar un proyecto piloto. Teniendo en cuenta que normalmente invitan a trasladarse a Silicon Valley durante 3 meses a los fundadores de las empresas -habitualmente de menos de diez empleados– y que invierten millones en cientos y cientos de ellas cada año, tener un pequeño lugar en el que agrupar tanta creatividad suena a buena idea.

Las empresas están cada vez más concienciadas de que un factor importante para sus negocios es la capacidad de atraer talento. De ahí la idea de crear ciudades, edificios de servicios y viviendas más agradables para que vivan los empleados en ellas. Como decía uno de los responsables municipales de uno de los proyectos, la idea es construir ciudades en las que la gente quiera vivir, no lugares de los que quieran alejarse lo antes posible.

Fotos | Sidewalk Labs, Ostrava Poruba (CC) Jaromír Kavan @ Unsplash

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