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El ruido en el lugar de trabajo (y sus efectos en la salud y en el rendimiento del trabajador) ha sido un tema de estudio desde al menos la primera mitad del siglo XX; no obstante, a pesar de la atención prestada a la cuestión, sigue siendo un asunto espinoso.

Si tenemos en cuenta los rasgos de la personalidad y tolerancia al ruido, ciertas personas trabajan mejor cuando hay algo de ruido alrededor y otras, sin embargo, cuando el entorno es agradable y silencioso.

Cada persona es un mundo, y todos respondemos al sonido de una manera distinta, lo que dificulta encontrar soluciones únicas, dice James Szalma, profesor asociado de Psicología en la Universidad de Florida Central, cuya obra incluye investigaciones sobre el ruido en el lugar de trabajo.

Cita, por ejemplo, un metaanálisis sobre el tema que sus compañeros y él publicaron en 2011 en la revista académica Psychological Bulletin. «Cuando comenzamos el estudio, pensamos “vale, lo que vamos a descubrir es que cuanto más alto sea [el ruido], peor”», recuerda. En cambio, los investigadores hallaron que el ruido puede ser estresante a cualquier nivel «si es indeseado», dice Szalma. ¿Y qué se considera indeseado? Pues otra vez, depende.

«Si tenemos en cuenta los rasgos de la personalidad y la respuesta al ruido, ciertas personas trabajan mejor cuando hay algo de ruido alrededor, y otras cuando el entorno es agradable y silencioso», señala Szalma. 

Pero no porque el problema sea complejo tenemos que ignorarlo. «En cualquier sitio en el que haya ruido acústico podemos desarrollar problemas de salud, de rendimiento o ambos», afirma. En un mundo perfecto, cada persona de la oficina disfrutaría de un paisaje sonoro a medida. 

Algunas investigaciones también han desvelado que el ruido tiene efectos considerables sobre el presupuesto. Por ejemplo, un estudio realizado en 2013 por The Sound Agency, una consultora de Reino Unido especializada en optimizar los paisajes sonoros y los niveles de ruido para activos comerciales, descubrió que las distracciones causadas por el ruido de la ciudad cuestan a los lugares de trabajo europeos unos 42 mil millones de euros en términos de pérdida de productividad.

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El ruido puede estar a un nivel al que no dañe físicamente los oídos, «pero puede provocar estrés crónico, y se sabe con certeza que el estrés crónico causa problemas de salud a largo plazo», continúa. Como ya se ha indicado, la respuesta de cada persona a cada nivel sonoro representa un problema para los lugares de trabajo que pretendan mitigar estos efectos. Ahora bien, hay ciertas estrategias básicas que los empresarios pueden tener en cuenta.

Un ruido impredecible e intermitente desconcentra más que un ruido continuo e invariable.

Por supuesto, en un mundo perfecto los trabajadores podrían adaptar sus paisajes sonoros a sus preferencias. No obstante, señala, «es más fácil decirlo que hacerlo, porque siempre hay limitaciones en el diseño que impiden una personalización excesiva».

Teniendo eso en cuenta, sugiere que los espacios de trabajo intenten mantener los niveles sonoros tan bajos como sea posible para acomodar a los que trabajan mejor en entornos silenciosos, y que los empleados que prefieran un ambiente más animado se pongan auriculares para darle un poco de alegría a su jornada.

Por supuesto, los auriculares pueden crear sus propios problemas en términos de comunicación en el lugar de trabajo, apunta Szalma. Quizá no haya una solución perfecta, especialmente en la era de las oficinas abiertas. «Alguien va a tener que ceder en cualquier caso», dice.

 

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