Artículo de Nacho Palou, Microsiervos

 

Desde hace unos años existe un interés creciente por las construcciones de madera y las casas pasivas, viviendas que resultan altamente eficientes y con un consumo energético muy bajo. Al estar construidas con materia prima natural, y siguiendo criterios de construcción ecológicos, resultan en espacios asociados a la salud, al ahorro y al bienestar.

Esta tendencia ha hecho posible construcciones de madera de varias plantas y alturas en Barcelona, Guipúzcoa o Lleida, incorporando así estas viviendas a los entornos urbanos. En 2015, la constructora House Habitat levantó en Barcelona, en el Districte de Gracià, el edificio más alto construido con madera en aquella ciudad, con cinco alturas y 350 metros cuadros.

A pesar de su tamaño, el gasto medio mensual en calefacción, refrigeración y agua caliente ronda los 62 euros, según los constructores. Esto es posible gracias al sistema de renovación del aire del interior de la vivienda, que recupera el calor del aire saliente y lo traslada al aire entrante. Este sistema permite ventilar y aclimatar la casa sin abrir ventanas, lo que supone una mejora en la calidad del aire al minimizar la acumulación de dióxido de carbono, con beneficios asociados al bienestar.

Adicionalmente, aplicando la aerotermia, la vivienda aprovecha de manera natural la energía del aire, su temperatura, para calentar el agua. Gracias a estos sistemas, la vivienda dispone de una calificación de eficiencia energética “A”, una nota excepcional: actualmente sólo el 1% de las viviendas tiene la máxima calificación energética, según el diario 20 minutos. Comparativamente, aplicando los métodos de construcción habituales, la calificación energética más habitual es la E (54,84% de las viviendas), seguida de la D (29,45% de las viviendas).

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Con un plazo de ejecución de la obra de apenas seis meses, el factor de ahorro en tiempo y costes es otra de las ventajas asociadas a la construcción en madera, que combina una estructura levantada in situ y paneles prefabricados. El impacto de la obra en el entorno también se minimiza, reduciendo la contaminación acústica, la superficie ocupada durante la construcción y la cantidad de residuos generados.

 

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