Artículo escrito por Carmen Panadero, directora de Office Development Services, para El Economista

 

Las reglas de juego del Real Estate están cambiando y hablar de tecnología aplicada al sector ya no es futuro, si no presente. Uno de los drivers más disruptivos del actual cambio inmobiliario es justo ese: la aparición de la tecnología en todos los estados del ciclo inmobiliario. Está en nuestros debates y conversaciones habituales con clientes o colegas, cuando hablamos sobre datos reales en la reducción de consumos, sobre aumento de rentabilidad en edificios rehabilitación –smart CAPEX-, sobre la captura de datos y su trazabilidad, sobre bajadas de OPEX y reducción de la huella energética. Está demostrado que la inversión en tecnología es una inversión rentable.

Los beneficios de la inclusión de la tecnología y sistemas de automatización y control se hacen evidentes no solo en los nuevos desarrollos sino, sobre todo, en los edificios ya construidos; es decir, en su reposicionamiento. Esta inclusión de la tecnología se ha convertido en pieza clave en su optimización del valor.  La tecnología ha recortado el ciclo de vida útil de los activos, los nuevos plazos para quedarse obsoletos son muchos más cortos. Todos los edificios que buscan reposicionarse en la horquilla alta en rentas están dando mucho valor a la parte tecnológica, siendo una demanda ya incuestionable para los actuales ocupantes o inversores.

 

Pero veamos ejemplos concretos sobre cómo la tecnología ha irrumpido con fuerza en todo el ciclo del activo inmobiliario:

 

  • En inversiones y análisis de COMPORTAMIENTO DE MERCADOS: análisis del comportamiento predictivo -el Smart Data- como generador de valor en el sector inmobiliario comercial y residencial. ¿Cómo? Mediante el reconocimiento de hábitos, tendencias y gustos de los consumidores/inversores de manera agregada y personalizada y el uso de esa información. Un ejempo: DMI (Digital Marketing Intelligence), la tecnología a través de la cual los centros comerciales pueden conocer el comportamiento de los visitantes y realizar ofertas personalizadas.
  • La aparición de PLATAFORMAS DIGITALES DE INVERSIÓN (crowdfunding) para invertir en vehículos inmobiliarios y como estas apariciones están democratizando la inversión inmobiliaria y cambiando las reglas del juego a la intermediación. Un ejemplo, Deal Flow, el marketplace de oportunidades de inversión de CBRE.
  • En el PROCESO CONSTRUCTIVO Y DE DISEÑO: BIM, modelos energéticos, industrialización, digitalización y robotización del proceso constructivo, y hasta recientes ensayos con uso de drones en la construcción. Mirad, por ejemplo, cómo este dron construye la maqueta de un edificio.
  • En la COMERCIALIZACIÓN: ya todos hablamos de “omnicanalidad” (mundo off line y online conectados), la irrupción del e-commerce, el uso de la realidad virtual, la “experiencia de usuario 360º” como concepto medible y que afecta al diseño de los espacios off line y que hace obligatorio el uso virtual de los espacios reales, comercialización a distancia con robótica, el uso marketing digital, multicanal y dirigido a un público objetivo concreto, etc. Un ejemplo, la gamificación y realidad virtual que utiliza CBRE en sus “New Ways of Selling”.
  • En la GESTIÓN EFICIENTE DE LOS ACTIVOS: uso de programas de gestión energética y de eficiencia, gestión en remoto, mediciones de uso por sensores de presencia, trazabilidad y posterior uso de esos datos para mejorar la eficiencia del edificio. Y lo más importante: usabilidad de nuestros edificios. La herramienta CBRE Energy, por ejemplo, permite monitorizar en tiempo real el consumo de iluminación y agua de cualquier inmueble.
  • En la mejora de la EXPERIENCIA DEL INQUILINO: ya no eres mi “inquilino” ahora eres mi “huésped” y te trato como tal: servicios de property 2.0, servicios wellness, accesibilidad digital, gestión de uso en remoto, gestión de conserjería para ocupante, etc. Un claro ejemplo sobre esta nueva forma de abordar la relación con el inquilino es Chiswick Park en Londres, complejo de oficinas que tiene como lema “Enjoy work” y en base a este lema trata a todos sus ocupantes.
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Centrémonos ahora en algunos datos que nos demuestran el verdadero impacto de esta tendencia.

  • El 42% de la energía mundial se consume en los edificios y la mayor parte de esta energía (entre el 54% y el 71%) se usa para los sistemas de calefacción, refrigeración e iluminación.
  • La aplicación de la tecnología enfocada a la mejora de la sostenibilidad, actualmente puede llegar a reducir el consumo energético y de agua de hasta el 50%.
  • Dentro de los costes de operación de un edificio, el consumo energético representa entre un 20% y un 30%.

Por lo que si realizamos una sencilla regla de tres, podemos ver cómo es posible reducir la huella energética en un 50% gracias a la implantación de tecnología aplicada a la gestión del activo. Es más, esta medida podría aportar un ahorro en OPEX de 10-15%.       

 

Por último, ampliemos el foco y abordemos el impacto de la tecnología como tendencia global. Como todos sabemos, es una de las megatrends de las que todo el mundo habla (junto con la globalización, la urbanización y el cambio demográfico) las cuales están liderando el nuevo enfoque del sector inmobiliario. Este cambio pivota en un nuevo discurso, mucho más fresco que nos sitúa como pieza clave en la creación de la ciudad.  Esto nos conduce irremediablemente a ser, en gran medida, responsables de la transformación de las ciudades del futuro.

En este contexto, debemos empezar a hablar de una nueva responsabilidad social corporativa del mundo inmobiliario enfocada a proporcionar un bien directo a la sociedad a través de su patrimonio construido. Mi propuesta: si dedicamos nuestro porcentaje de SRC a invertir en innovación y tecnología, dicha inversión nos revertirá en bajadas en la huella energética de nuestras ciudades y edificios. Ya se habla en muchos foros del nuevo concepto de sostenibilidad global, un concepto que va más allá de la sostenibilidad energética y abarca conceptos más amplios y complejos de resolver como la sostenibilidad social, económica o urbana.

Pensemos sólo en un dato: si la huella energética “causada” por nuestro sector (recordemos que el 40% del peso energético mundial viene del consumo de nuestros edificios y nuestras ciudades) bajase en un porcentaje medible gracias al uso de la tecnología aplicada a nuestros nuevos edificios inteligentes–smart buildings-, estaríamos contribuyendo a la sostenibilidad global de nuestro planeta y a mejorar la vida de las generaciones posteriores.

 

Artículo escrito por Carmen Panadero, directora de Office Development Services, para El Economista

 

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