Artículo de Nacho Palou, Microsiervos

 

El National Renewable Energy Laboratory (NREL) ha desarrollado un prototipo de ventana que puede variar su opacidad dependiendo de la cantidad de luz que recibe del sol, a la vez que produce electricidad. De este modo, los edificios ganan en eficiencia al gestionar los sistemas de climatización y de suministro eléctrico en tiempo real, dependiendo de las horas del día, de las demanda eléctrica o de la meteorología.

El vidrio termocromático del NREL funciona de manera parecida a las gafas fotocromáticas cuyos cristales se oscurecen cuando se exponen a la luz del sol, sirviendo a la vez como gafas graduadas y como gafas de sol graduadas. La diferencia es que el vidrio termocromático del NREL reacciona al calor y además produce electricidad.

Cuando más se oscurece el vidrio (cuanta más energía recibe del sol), más electricidad produce y más bloquea el paso de los rayos del sol. El rango de opacidad va desde el 3% cuando el cristal está totalmente oscuro, al 68% cuando está totalmente frío. La reducción del paso de los rayos solares en los días soleados influye directamente en el consumo del sistema de climatización del edificio.

Según explica el NREL, para fabricar el prototipo los investigadores han recurrido al uso de nuevos materiales, como perovskitas (un mineral relativamente raro) y nanotubos de carbono. El cambio de color lo proporcionan moléculas de metilamina que son liberadas a la superficie cuando el vidrio se calienta, oscureciéndolo. Cuando el sol no brilla y el vidrio se enfría de nuevo, las moléculas se reabsorben en el dispositivo que controla la opacidad de la ventana, que se vuelve de nuevo transparente.

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Por ahora, la producción de electricidad que proporcionan estas ventanas es algo limitada, del 11,3%. Esto es más o menos la mitad de la eficiencia que se logra con un panel solar convencional. La eficiencia es la proporción entre la energía solar recibida y la energía eléctrica producida. Otra limitación importante del prototipo inicial es que dura unos 20 ciclos de conversión antes de empezar a perder eficiencia, aunque los investigadores confían en mejorar su ciclo de vida.

Además de en edificios, esta tecnología podrá integrarse también en vehículos, dicen los investigadores del NREL, que aprovecharán la electricidad producida por los vidrios del vehículo (en parabrisas y ventanillas) para recargar las baterías, hacer funcionar diversos sistemas eléctricos y controlar la temperatura del interior del vehículo mientras está aparcado. De este modo se reduce la demanda de energía del climatizador, un aspecto crítico en los coches eléctricos.

Foto | Dennis Schroeder/NREL

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