Artículo de Nacho Palou, Microsiervos

 

Hace unos meses la ciudad de Dallas sufrió una intrusión en el sistema de alerta de tormenta y tornados. El sistema consiste en decenas de sirenas repartidas por la ciudad que las autoridades activan en caso de emergencia, para alertar a los ciudadanos de la llegada inminente de un tornado, de una tormenta fuerte o en caso de cualquier otra emergencia.

Sin embargo, el ataque al sistema activó hasta 156 de estas sirenas durante la madrugada de un sábado a principios de abril sin motivo, por lo que muchos ciudadanos interpretaron las sirenas como un aviso por bomba o ataque, según The New York Times. Debido a la dificultad para apagar las sirenas, los técnicos se vieron obligados a desconectar todo el sistema, que estuvo fuera de servicio durante horas, impidiendo su activación en caso de necesidad. Aunque inicialmente se interpretó como una avería del sistema, después se descubrió que se trataba de un ataque malicioso: alguien había emitido una señal de radio que era una copia de la señal de radio que activa las sirenas.

Este ataque contra el aviso de tormentas de Dallas se suma al número de intrusiones y ataques que sufren cada vez más sistemas e infraestructuras públicas (además de privadas), un riesgo que no hace sino crecer conforme las ciudades incorporan cada vez más sistemas conectados a redes de telecomunicaciones.

La consultora Gartner ha calculado que este año habrá del orden de 2.300 millones millones de dispositivos y sistemas conectados sólo en las ciudades, casi el doble de los que había el año pasado. El uso de dispositivos conectados, el llamado “Internet de la cosas”, ofrece numerosas ventajas a las ciudades, como la gestión del tráfico y aparcamiento y de servicios públicos como el agua o el alumbrado, la seguridad, el control de calidad del aire o el transporte público, entre otros: “Estos sistemas que combinan hardware, software y análisis geoespacial mejoran la eficiencia de los servicios públicos y la vida en las ciudades. Usando sensores relativamente baratos es posible ahorrar energía regulando el alumbrado o el caudal del suministro de agua”, según la publicación Harvard Business Review. Como ejemplo, Barcelona utiliza un sistema inteligente de gestión de agua que ahorra a la ciudad unos 50 millones de euros cada año.

El problema es, según la publicación Scientific American, que las ciudades inteligentes y la internet de las cosas crecen más rápidamente que la capacidad para protegerlas.

Conforme crece el uso de sistemas inteligentes en las ciudades también deben incrementarse las medidas para proteger las infraestructuras digitales. Las inversiones en ciudades inteligentes se incrementan, pero muchas de esas innovaciones se instalan sin comprobar su seguridad lo suficiente y dejando en muchos casos de lado el aspecto de la ciberseguridad.

De mantenerse esta tendencia, las ciudades inteligentes serán cada vez más vulnerables ante dos riesgos evidentes: el que suponen los “bugs” o errores de programación y los “ciberataques”. En el primer caso, se trata de problemas inherentes al propio sistema que suelen pasarse por alto debido a una comprobación deficiente, y que se incrementan conforme el sistema se vuelve más complejo y se interconectan cada vez más sistemas. A pesar de que los bugs no existen con un fin malicioso por sí mismos, sí pueden causar numerosos problemas y la caída completa de sistemas y de servicios. En el segundo caso, normalmente un ataque o ciberataques se realiza desde el exterior con el fin de interferir el sistema con fines malicioso o que beneficie de algún modo al atacante. Suelen llevarse a cabo explotando vulnerabilidades y errores (bugs) existentes en el sistema o aprovechando que la protección digital es insuficiente.

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Para evitar un nuevo caso de injerencia externa en el sistema de alertas por tornado, la ciudad de Dallas incorporó una capa de cifrado en la señal de radio. Esto debería dificultar cualquier ataque, al menos que el sistema vuelva a activarse emitiendo únicamente una señal de radio duplicada, aunque tampoco hará que sea invulnerable. Encontrar una solución más robusta será en cambio “más complicado y costoso”, admite el alcalde de Dallas. El caso de Dallas es sólo un ejemplo de la importancia de la seguridad y de que el desarrollo de las ciudades inteligentes debe ir parejo al desarrollo de nuevas medidas que salvaguarden sus infraestructuras.

Foto | Thomas Kvistholt en Unsplash

 

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