Artículo de Álvaro Ibáñez (Alvy), Microsiervos

 

Hasta ahora uno elegía la casa y luego instalaba el WiFi. Pero cada vez hay más razones por las que el WiFi y una buena conexión a Internet es cada vez más vital en las viviendas. Es por ello que dentro de los factores que la gente examina cuando busca vivienda uno de los cada vez más relevantes es el WiFi.

Entre otras razones de este auge está que cada vez más aparatos de los que utilizamos en la vida diaria requieren una conexión a Internet. Y que la tendencia al teletrabajo se sigue multiplicando, lo que ha hecho que muchas personas cada vez tengan que trabajar más desde casa, no solo navegando por Internet, sino también haciendo llamadas o videollamadas desde su propia conexión.

Pero no se trata solo del ordenador para trabajar; también el teléfono móvil o la tableta han de conectarse a una red WiFi si no se quieren agotar los pocos gigabytes de datos que se incluyen en los contratos móviles 3G/4G. Mejor reservarlos para cuando se esté lejos de la cobertura WiFi del hogar.

Los otros “aparatos WiFi” por antonomasia de hoy en día son los televisores y las impresoras, pero también se podrían incluir en el hogar gadgets como un media center (disco duro conectable), un grabador/descodificador o algo más “exótico” incluyendo neveras, básculas, impresoras, bombillas LED, webcams, alarmas e incluso cafeteras –realmente el “internet de las cosas2 está por todas partes.

Para que una vivienda tenga un buen WiFi necesita un buen comienzo: una buena conexión a Internet. Por suerte cada vez son más las viviendas a las que llega la fibra óptica, una opción razonablemente barata y que ofrece muchas más prestaciones que el cable de cobre tradicional, con velocidades entre 50 y 300 Mbps. En los edificios nuevos es ya obligatoria.

Según los datos del Ministerio de Energía en su apartado “Agenda Digital” más o menos el 63% de la población tiene acceso a fibra óptica directa, a los que habría que sumar otro porcentaje que tiene acceso a redes mixtas (fibra + cable coaxial). Como alternativa, el ADSL llega al 90% de la población. Hay mucha gente hoy en día que se pensaría si comprar un piso o alquilar una vivienda si no tuviera posibilidad de fibra o ADSL; para muchos es más importante a que esté cerca de una estación de Metro o de las tiendas del barrio.

TV / wifi / Jens Kreuter @ Unsplash

El siguiente factor a tener en cuenta es un buen router y una instalación apropiada en la casa. Los elementos principales que vayan a utilizar la conexión a Internet deberían estar conectados mediante un cable físico de red al router, mediante Ethernet. Hoy en día éstos suelen ser el ordenador y el televisor (Smart TV), que son los que más uso hacen de la conexión. Estos cables pueden tener prácticamente cualquier longitud, pero hay que asegurarse de que sean de la calidad adecuada para que no haya interferencias. Los más recomendables son los de Categoría 6 (CAT6) o incluso Categoría 7. Si es posible, son preferibles al WiFi.

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El router debe ser de última generación –y no siempre el que ofrecen de “regalo” las operadoras lo es. Dada la importancia de la conexión para servir a todos los miembros del hogar (y a un montón de dispositivos) invertir 150 o 200 euros en un buen router es una compra más que recomendable. Si no, puede suceder que no cuente con el estándar WiFi más avanzado o que se “caiga” y haya que reiniciarlo cuando se conecten demasiados dispositivos.

El otro factor a tener en cuenta es colocar el router en el mejor sitio de la casa: en un lugar alto y despejado a ser posible y con las antenas correctamente orientadas (cada una en una dirección, no en paralelo). Basta pensar en el WiFi como una bombilla encendida en una casa oscuras: allá donde llegue la luz –que rebota en las paredes– mejor llegará la cobertura. Por suerte el WiFi también atraviesa las paredes, pero tiende a “escaparse” por las ventanas y a bloquearse las grandes masas de agua, los azulejos o los aparatos microondas en funcionamiento.

En las viviendas grandes, de varias alturas o con jardines espaciosos, invertir en repetidores WiFi es una buena alternativa si la cobertura es insuficiente (basta comprobarla con las “rayitas” de cobertura que indiquen los aparatos). Estos repetidores/extensores de WiFi son muy baratos (entre 25 y 50 euros la unidad) y solo hay que enchufarlos a la red eléctrica y configurarlos la primera vez. Generalmente muestran una red WiFi auxiliar a la principal del router, y conectándose a ella se obtiene más velocidad. Eso sí: a veces puede resultar un tanto incómodo si se usa para “aparatos en movimiento” que se llevan de un lado a otro de la casa (por ejemplo el móvil).

Lo que está claro es que en este mundo cada vez más conectado y lleno de aparatos inteligentes que necesitan acceso a la red, una buena vivienda merece un buen WiFi.

Foto | Jens Kreuter @ Unsplash / Wifi-BIG (CC) Hugh D’Andrade / EFF @ Wikimedia Commons

 

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