Artículo de Álvaro Ibáñez, Microsiervos

 

¿Cómo serán las ciudades del futuro? ¿Hacia dónde evolucionarán las ciudades ya existentes? ¿Es mejor hacer una gigantesca planificación de nuevos enclaves o dejar que la imaginación de los ciudadanos defina cuál será el tejido de que se componen? Oscar Boyson realizó un estupendo trabajo en este vídeo que, como los mejores trabajos, plantea más preguntas que respuestas. Lo ha llamado simplemente El futuro de las ciudades y puede verse en YouTube (con subtítulos en castellano).

Para el vídeo contó con la colaboración de gente de todo el mundo, preocupada por cuestiones como el urbanismo, la vivienda, la sostenibilidad, la movilidad y otros aspectos clave. Viajó y grabó experiencias, recogiendo material de ciudades de más de 75 países: desde las más modernas a las más tradicionales.

El planteamiento del vídeo consiste en mostrar ideas, soluciones y tendencias sobre urbanismo, vivienda y transporte que se han puesto en marcha en ciudades de todo el mundo. Desde ciudades “artificiales” como Songdo, en Seul (edificada sobre terreno ganado al mar), a grandes urbes como Nueva York (EE UU), pasando por otras en desarrollo que han resultado ejemplares (Lagos, Nigeria), o que viven con sus peculiares problemas (Detroit o Los Ángeles, EE.UU.).

A principios del siglo XX tan solo el 14% de la gente vivía en ciudades; hoy en día es el 54% y para el 2050 podría ser hasta el 70%. Increíbles oportunidades en todo lo relativo a infraestructuras, vivienda y urbanismo, pero también grandes retos. Entre otras cosas porque se sabe que las megaciudades no son sostenibles, entre otras cosas, por la cantidad de basura que generan y su menor eficiencia energética.

Uno de los primeros retos que se plantea toda ciudad es el de los recursos básicos para sus habitantes, principalmente en forma de agua y energía. En algunas zonas, incluso de países punteros, esto todavía es un gran problema (California sin ir más lejos), y la crisis climática no parece que vaya a mejorar eso. La tecnología puede ayudar a este respecto, pero sitios como California necesitan el 19% de la energía que producen para transportar el agua a casi 2.000 km de distancia. Las nuevas tecnologías en cuanto a captación de agua de lluvia, a la conversión de la humedad del aire en agua y al uso de energías renovables para transportarla (eólica, solar) hacen que el futuro para estas ciudades sea más llevadero. Algunos proyectos permiten que los edificios cuenten con su propio suministro independiente de agua –con lo cual evitan tener que depender de las grandes canalizaciones.

En cuando al transporte la situación es muy distinta en diversas partes del blog en cuanto uno viaja un poco. En Europa y occidente en general estamos acostumbrados a problemas de tráfico, congestión y a unos parques de vehículos enormes. Pero, un poco más lejos, muchas ciudades (en especial asiáticas) están optando por eliminar tráfico y hacer que los coches sean poco más que un lujo. El dato clave es que hay una correlación directa entre el tiempo que se dedica en llegar al trabajo cada día y la pobreza o riqueza de los habitantes de un país.
Las ciudades del futuro / Oscar Boyson
Por poner algunos ejemplos: en Singapur es inconcebible comprar un coche (y los que hay están limitados a 10 años de leasing a precios desorbitados). En Shenzhen (China), la ciudad se está diseñando para que el transporte público predomine y los coches sean autónomos en el futuro. ¡Eso es pensar con visión a largo plazo! Copenhague siempre ha sido un ejemplo en cuanto al uso de la bicicleta (desde la crisis del petróleo de los 70), cada vez más ciudades cuentan con sistemas de alquiler de bicicletas (25 en capitales españolas, sin ir más lejos) y mejores carriles bici. ¿Quién necesita una plaza de garaje en casa cuando las ciudades se pueden pasear, recorrer en bici o viajar en un buen transporte público?)

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En la práctica cada lugar se adapta y crece con los recursos de que dispone, ya sean materiales, humanos o culturales. Lo más normal y práctico suele ser que los planificadores se encarguen de las infraestructuras generales pero dejen en mano de la iniciativa privada lo que sucede al nivel del vecindario. En estas circunstancias, también funciona muy bien la táctica de ensayo-y-error. Por poner un ejemplo: una de las desconocidas ventajas de que en una ciudad se use mucho la bicicleta es que produce tan solo una fracción ínfima del desgaste que produce un coche en el asfalto de calles y carreteras.

En todos estos sentidos las ciudades del futuro ofrecen mucho donde elegir: soluciones con grandes y buenas infraestructuras, entornos vecinales y agradables, autonomía respecto a los recursos básicos y una importante relación tanto con lo que sucede en las calles, especialmente a nivel de transporte. Todo ello salpicado de retos que superar para lograr ciudades más eficientes y agradables en las que vivir.

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Las ciudades del futuro: ¿hacia dónde van?
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