Artículo basado en el post de Paul Suchman en Blue Pint 

 

Piensa en una marca icónica, la primera que te venga a la cabeza. ¿En qué piensas? Logotipos reconocidos, publicidad memorable y, lo más importante, una sensación distinta y diferencial que te aporta una marca y sus productos. Detrás de ellas, hay una fuerte promesa, una garantía y compromiso de que los productos serán exactamente lo que los consumidores esperan que sean. Y estas empresas, siempre se esfuerzan por superar las expectativas que crean.

Al igual que con las grandes marcas, las grandes ciudades también construyen una imagen que engloba las partes agregadas y características de cada ciudad. Se convierten en iconos culturales, cada una con un aspecto distintivo, con una promesa diferente. Piensa, por ejemplo, en Nueva York, “la ciudad que nunca duerme”. Para muchos, probablemente evoque la idea de la ciudad sin límites, donde las personas son libres. O París, la ciudad del amor, los paseos y el café. ¿Shanghái? Un perfecto equilibrio entre la tradición y lo nuevo.

 

paris

 

La marca de cada ciudad es compleja. Se compone de varios ingredientes que, juntos, ofrecen una promesa de marca única y convincente: arquitectura, tipografía, señalización, colores y transporte, por nombrar sólo algunos. Sin embargo, la marca de una ciudad depende de un millón de pequeñas cosas, muchas veces, sin la guía de un gerente de marca real. Las marcas corporativas y de productos, sin embargo, crean una apariencia distintiva gracias al cuidadoso trabajo de decenas de personas: gerentes, directores creativos, diseñadores… Si bien algunas ciudades emplean agencias de marketing para impulsar el turismo, su misión es promover la identidad de una ciudad en lugar de modelarla y administrarla.

Las grandes ciudades logran autoconstruir su marca y mantener un aspecto y una sensación identificables. Tanto es así que, a menudo, un solo detalle puede servir para identificar a una ciudad.

 

LA DIFERENCIA ESTÁ EN LOS DETALLES

Si miramos más allá de las características más icónicas de una ciudad, hay cientos de detalles visuales que hacen a un lugar único. Si ves una fotografía de un taxi, probablemente puedas saber de qué ciudad se trata. Lo mismo si ves un autobús rojo de dos pisos o un viejo teleférico. Es revelador cómo en algunos lugares, el sistema de transporte es una de las grandes características de identificación.

Para aquellos turistas que no pueden hablar ni leer el idioma local, la tipografía suele ser el detalle identificativo más importante. Si no entiendes francés, sabes que estás en una estación de metro de París cuando ves la icónica fuente Art Nouveau en la parte superior de la entra. Lo mismo podría decirse de Nueva York, donde la clásica fuente Helvetica blanca sobre un fondo negro significa la entrada de metro.

El color también puede ser un distintivo importante. Si piensas en casas de estilo victoriano con tonos pastel, probablemente, estés soñando con San Francisco. O ves un río verde esmeralda que fluye a través del corazón de una ciudad, es seguramente, Chicago.

 

Classic shot of Victorian houses across the street from Alamo Square in San Francisco. Skyline of San Francisco is seen in background.

 

SABORES ÚNICOS

Tal vez aún más icónico que el transporte de una ciudad, es su cocina. Hay una razón por la que las personas asocian los alimentos con sentimientos. La comida no solo tiene el poder de teletransportarnos, también crea vínculos y sentimiento de pertenencia entre los habitantes del lugar.

Bangkok, capital de Tailandia, se asocia con su comida de la calle, disponible en todos los mercados de la ciudad. Seattle no sería lo mismo sin su aroma a café. Desde que Starbucks se fundó allí en la década de 1970, la cultura del café se ha arraigado con fuerza en el tejido de la ciudad. Praga. una ciudad a menudo asociada con su impresionante arquitectura, es también conocida por su queso. San Sebastián, por sus pintxos. Italia, por su pasta.

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sansebastian pintxos

 

LA COLUMNA VERTEBRAL, LA ARQUITECTURA

Una ciudad en el sentido más literal, no es más que un grupo de edificios dentro de un espacio determinado (dejemos de lado, por el momento, los millones de organismos, personas o animales domésticos que conviven dentro de esos muchos edificios).

No podríamos entender Tokio, por ejemplo, sin el contraste y, a la vez, perfecto equilibro entre los grandes bloques de vidrio y hormigón, los tradicionales templos y tories, o sus luces de neón. Conocemos a Nueva Delhi por sus edificios de piedra arenisca roja, que dan a la ciudad un color intenso y personalidad única. La ciudad estadounidense de Santa Fe, por su parte, es conocida por su arquitectura de color tierra, un buen ejemplo de cómo una ciudad se integra con el estilo “pueblo” o “rústico” que se consolidó a principios del siglo XX.

INTEGRAR EL CAMBIO

Incluso cuando se introducen nuevos estilos, una gran ciudad con una marca fuerte sabrá absorberlos. A lo largo de las últimas décadas, el distrito financiero de Londres ha visto el surgimiento de nuevos rascacielos, que ha sabido integrarlas en el horizonte como torres icónicas de la ciudad. Igual que las cuatro torres de Madrid, que ya forman parte del skyline de la capital.

 

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CUMPLIENDO UNA PROMESA

Las grandes marcas siempre se esfuerzan por encontrar la fusión perfecta de todos los ingredientes que hemos mencionado arriba y concretarlos en una identidad visual única. Una marca es una promesa a cada uno de sus grupos de interés. Es un compromiso de consistencia hacia los ciudadanos, turistas y visitantes.

La gente se muda a Los Ángeles para hacer algo grande, para cumplir los sueños de estrellato, para convertirse en parte de un estilo de vida único. Las personas se mueven a San Francisco para sumergirse en el mundo de la tecnología e inspirarse en la innovación más disruptiva. La gente visita París para reforzar su amor, Sidney para vivir una aventura sin fin. Estas ciudades tratan de cumplir con su promesa de marca todos los días, en cada uno de sus detalles, y es eso, sin lugar a dudas, gran parte de los que les hace reconocibles y únicas.

"Aerial view of Hollywood sign over Los Angeles cityscape, California, United States"

 

Sin embargo, los entornos urbanos están sujetos a un cambio casi constante. Surgen nuevos estilos de construcción, nuevas tendencias culturales. Aunque el mayor “productor” del cambio, siempre, será su gente. Las personas y las ciudades se definen mutuamente y, juntas, construyen una marca.

No siempre se nota el efecto de una ciudad en el día a día, ni el efecto que nos produce una ciudad es posiblemente imperceptible para el resto. Sin embargo, está ahí e importa. Las grandes ciudades, como grandes marcas van a seguir ahí, transformándose junto a las personas.

 

Las mejores ciudades también son grandes marcas globales
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