Artículo de Álvaro Ibáñez (Alvy), Microsiervos

 

Al comprar un coche una de las primeras preguntas que surge suele ser el consumo energético del vehículo. ¿Cuántos litros de combustible consume cada 100 kilómetros? ¿Qué distancia puede recorrer con una recarga eléctrica completa? Sin embargo, cuando se trata de la adquisición o alquiler de una vivienda, un local comercial o unas oficinas, eso parece quedar en un segundo plano. ¿No estaría bien que nos dijeran cuántos kWh/m² consumirá nuestra casa cada mes? ¿O cada cuánto renovará el aire interior debido a las filtraciones? ¿O cuál será la concentración de partículas de CO2 en su interior según cuántas personas haya en una sala?

Al igual que hoy en día se valoran la huella ecológica, los recursos bioclimáticos o los niveles de ruido, existen técnicas de ingeniería y construcción para mejorar la eficiencia energética de los edificios, especialmente los de bajo o ultra-bajo consumo, que pueden mantenerse a la temperatura más confortable en todas las épocas del año, con el consiguiente ahorro energético. Y hoy en día esto es válido tanto para viviendas como comercios o incluso grandes edificios.

De la idea al estándar

El concepto que en castellano llamamos «casa pasiva» se remonta a las décadas de los 70 y los 80, cuando se publicó el libro El libro de la Energía Solar Pasiva, al que siguió La casa pasiva: clima y ahorro energético. Las ideas originales llegaron a Europa y se transformaron en el término Passivhaus hacia 1988, tras lo cual se construyeron las primeras edificaciones. En aquella época era todavía llamativo encontrarse con conceptos como el superaislamiento, la hermeticidad o el rendimiento energético.

El siguiente paso llegaría en 1996 cuando se creó el Passivhaus-Institut en Alemania, que redactó un estándar formal y desde entonces proporciona certificaciones a los edificios que cumplen los aspectos que cubren dicho estándar. Es algo análogo a las certificaciones de bajo consumo eléctrico de los aparatos del hogar o a los sellos de seguridad de los vehículos a motor. Pero que una edificación sea Passivhaus es algo voluntario, que puede interpretarse como ir «un paso más allá» de las normativas de construcción obligatorias.

A día de hoy la mentalidad Passivhaus es construir y reformar edificios siguiendo las pautas de la eficiencia energética extrema, para obtener facturas de energía muy bajas, algo que repercute en el ahorro a largo plazo y al mismo tiempo resulta una medida muy potente como lucha contra el cambio climático.

Planificación, construcción, rehabilitación

En las casas pasivas hay diversos aspectos a planificar antes de comenzar la construcción:

  • El tipo climático de la zona en que se va a construir el edificio
  • La humedad y el viento de la zona
  • El diseño solar pasivo (captación de calor, protección solar)
  • El aislamiento térmico (techos, muros, ventanas y puertas)
  • La hermeticidad de la construcción
  • El calentamiento del aire y su circulación para mantener una temperatura confortable

Hay quien define este tipo de construcciones como «una especie de termo» en el que sólo hay dos agujeros para que entre y salga el aire circulante. La temperatura interior se mantendrá confortable (y homogénea) pero la circulación mantendrá el aire fresco y saludable (siguiendo el criterio del estándar HEPA). En la práctica esto significa que al entrar en la casa «se siente y respira de forma agradable y saludable», lo cual tiene que ver entre otras cosas con la temperatura, humedad y la concentración de CO2.

La casa podría construirse con ladrillo, madera o cualquier otro material, y las ventanas ser de doble o triple cristal, pero será la correcta combinación de estos elementos y el aislamiento lo que defina si realmente es capaz de mantenerse confortable con poca muy energía o no. En este sentido los diseñadores y técnicos experimentados en Passivhaus colaboran con los arquitectos y constructores mano a mano; al abordar estos proyectos modernos no siempre es fácil encontrar técnicos y constructores especializados en está metodología de realización de estancias de consumo casi nulo.

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Passivhaus / Zero Energy
En la práctica la edificación utiliza calefactores de aire eléctricos para llegar hasta la temperatura ideal y a partir de ahí pasa a un modo de ultra-bajo consumo en el que apenas se necesita calentar más para mantener las pérdidas; tan solo se necesita hacerlo circular por las diversas estancias. La razón es que el aislamiento está concebido para resultar tremendamente eficiente y en su construcción se ha cuidado especialmente que no haya pérdidas ni vacaciones de temperatura por filtraciones, cristales poco aislantes o problemas similares. Si esto se logra a lo largo de las horas de frío o calor del ciclo día/noche se consigue llegar energéticamente al mismo momento del día siguiente para volver a empezar el ciclo, lo cual a veces es cuestión de tan añadir tan unos pocos centímetros más de aislamiento.

Todos los aspectos son importantes, pero básicamente la certificación Passivhaus permite saber, antes de comenzar a construir o reformar, si el edificio en cuestión alcanzará todos los valores que marca el estándar en cuanto a consumo energético y aislamiento. Es como una gigantesca hoja de cálculo en la que introduciendo el tamaño de las estancias, el tipo y grosor de aislamientos, e incluso el uso (cuántas personas se reunirán en una sala, cuánta gente entrará en una tienda o cuántos miembros tiene una familia) se puede obtener si el consumo estará por debajo de los valores de 15 kWh/m² (calefacción + refrigeración) o bien 60 kWh/m² (calefacción + agua caliente + electricidad) que son los máximos recomendados por este estándar. En cuanto a circulación, el edificio no debe intercambiar más de 0,6 veces el volumen total de su aire interior por hora (bajo ciertas condiciones de hermeticidad). En una vivienda convencional el consumo y las pérdidas por corriente no deseadas pueden llegar a multiplicar estos valores fácilmente por ocho o incluso más.

De la teoría a la práctica

Passivhaus / Zero Energy
El concepto y estándar Passivhaus puede emplearse tanto en viviendas como en locales comerciales, oficinas u otro tipo de edificios. Antiguamente comenzó por las viviendas individuales pero ya se han construido con estas pautas desde colegios a casas rurales, guarderías o supermercados. Además de los ejemplos tradicionales de Alemania, Suecia y Estados unidos, en En Sunderland (Inglaterra), Dunoon y Inverurie (Escocia) hay viviendas adosadas con la misma planta y superficies de unos 150 a 200 m² cada una.

En España hay decenas de viviendas residenciales planteadas de este modo desde el inicio. Y a modo de ejemplo en Valencia está el estudio fotográfico de Innovafoto con 840 m² de superficie útil, grandes techos, despachos y aula, haciendo amplio uso de la madera como material principal. En Asturias hay un proyecto de rehabilitación de una casa de indianos, donde se aplica el mismo criterio sobre una construcción originalmente muy deficiente, que cuando esté terminada cumplirá el estándar y podrá compararse con las casas modernas más eficientes energéticamente.

{Fotos: Zero Energy}

Passivhaus: cuando la eficiencia energética es lo primero
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