Artículo de Nacho Palou, Microsiervos

 

Datos sobre el transporte público y el tráfico, datos relativos a búsqueda de aparcamiento, sobre acceso a servicios; datos procedentes de sensores de calidad del aire, de circulación de peatones, de contaminación acústica, de gestión de energía y de recursos,… Una de las principales dudas que suscitan las ciudades inteligentes tiene que ver con quién es el propietario y quién gestiona, y también custodia, todos los datos que genera y que se obtienen de una smart city.

“Se trata de una pregunta importante —dicen en The Star—, porque las ciudades inteligentes se basan en la obtención y en el procesamiento de grandes y variados volúmenes de datos. La respuesta a la pregunta sobre la propiedad de los datos contribuirá en gran medida a determinar quién se beneficiará del proyecto y de qué manera”, porque todos esos datos tienen un valor económico.

Canadá puede ser un ejemplo de cómo dar respuesta a esa pregunta aplicada al desarrollo de sus smart cities. Con este fin, el país puso en marcha la CODX, (Canada’s Open Data Exchange), una iniciativa nacional basada en los movimientos de “datos abiertos”.

En la ODX canadiense participan instituciones públicas y empresas privadas, ya que las ciudades inteligentes implican necesariamente la colaboración entre los sectores públicos y privados: “las ciudades proporcionan acceso a sus espacios urbanos y participan en contratos de infraestructura de datos que están estrechamente vinculados a la prestación de servicios municipales. Las empresas privadas, por su parte, suministran infraestructuras físicas y digitales, así como los algoritmos que procesan los datos recopilados. Y los ciudadanos, con sus actividades diarias, proporcionan un flujo constante de datos a la vez que hacen uso de una amplia variedad de servicios.”

El objetivo de CODX es conectar a aquellos que necesitan los datos con aquellos que tienen los datos para impulsar la innovación y favorecer la investigación de nuevas aplicaciones o de mejoras en la ciudad.

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Junto con los aspectos relativos al control y a la custodia de los datos aparecen también cuestiones que tienen que ver con la protección de esos datos, con qué fines se recopilan y qué normas se aplican para preservar la privacidad de quienes los producen: “aunque el hecho de vivir en un espacio urbano implícitamente equivale a consentir la recopilación masiva y generalizada de datos”, de forma anónima y sin relacionar individualmente, “igualmente será necesario saber quién guarda esos datos, bajo qué reglas y en qué condiciones”, a quién beneficia su venta o de qué manera revierten en el bien público.

“Es probable que la respuesta a estas cuestiones difiera enormemente de una ciudad a otra, y de una aplicación a otra. Después de todo cada ciudad tiene sus propias necesidades, su historia y su estructura política particular”, dicen en Smart cities: Who owns the data?

En cualquier caso, según el IEEE, la gestión eficiente de esos datos es “esencial” para que los propios datos resulten útiles y tengan algún valor para el público, repercutiendo en mejoras sociales, económicas y educativas y también en la transparencia y en la gestión, con el fin de lograr que las ciudades sean más sostenibles y más eficientes, más limpias y más seguras.

Foto | Lukas Blazek en Unsplash

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